Claudia Cadelo: “La calle es de todos los cubanos”

En su blog, Octavo Cerco:

Ayer mientras esperaba en las afueras del Tribunal Supremo el resultado de la vista oral de la demanda de la Asociación Jurídica Cubana versus la Ministra de Justicia, reflexioné -en el sentido primigenio del verbo- sobre mis avatares desde aquel lejano día de agosto en el que también esperaba en las afueras de otro tribunal el resultado del juicio de Gorki Águila.

Nunca hubiera imaginado la salida de mi blog unos meses más tarde, que hablaría libremente por un micrófono –menos de un minuto pero lo que vale es la intención- que luego me vería obligada a defender mi derecho a entrar a un cine, a una exposición, a un concierto. Recordé la oscura tarde del seis de noviembre, el twit de auxilio gracias al cual la seguridad del estado no nos secuestró impunemente a Yoani, a Orlando y a mí. Volví a pensar en Reinaldo parado en 23 y G, como en una película rusa donde el héroe siempre se inmola al final, frente a una horda primitiva cumbanchera. Miré las caras –siempre las mismas- de esos que durante estos últimos tres años han prestados sus manos para la represión, sus lenguas para el perjurio, sus almas para el odio y percibí su desasosiego.

Yo soy la pesimista. Me niego a pensar que las cosas van a cambiar mañana para no decepcionarme luego y me repito una y otra vez “aunque dure veinte años más, seguirás escribiendo”. Sin embargo vislumbré, de pronto, el enorme camino de libertad recorrido. Tortuoso ha sido, eso seguro, aunque no comparable a la satisfacción de ver al hombre que una vez se atrevió a dirigir un mitin de repudio condenado a estar sentado en un banco de parque, hablando como un autómata por un celular, inútiles esas manos que sólo sirven para golpear, inútil su presencia de ogro ante el poder de la palabra, ante la fuerza de la amistad y de la fe en una Cuba democrática. Ese represor que una vez me gritó en la cara “¡Esta calle es de Fidel!” me miró, a mí y a mis amigos, caminar por Boyeros. Aprendió que la calle ya no es de un anciano delirante y que, le guste o no, es mía, suya y de todos los cubanos, y estamos obligados a compartirla.

Claudia Cadelo: “La calle es de todos los cubanos”

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