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Miami: Recuerdan a cubanos alzados y fusilados en la isla durante los años 60’s

alzados

De izquierda a derecha: Raúl C. García, Raúl Martínez, Pepito Otero, Agapito Rivera, Francisco Talavera, Sergio Hernández, Jorge Gutiérrez, Rolando Acquit

Durante la noche del jueves 18 de julio, varios sobrevivientes de los alzados que lucharon en contra la dictadura castrista se reunieron en una biblioteca de Miami para participar en una charla organizada por el Instituto de la Memoria Histórica Contra el Totalitarismo, presidido por el escritor Pedro Corzo.

En dicho evento los participantes recordaron a sus compañeros de lucha que fueron fusilados o caídos en combate, mayormente en el año 1963 (conocido como ‘el año del cuero duro’) y hubo representación de cada provincia.

Además, los invitados compartieron sus historias personales de cuando fueron encarcelados y como sus familiares sufrieron represalias, mencionando el caso de los desplazados y los pueblos cautivos.

A pesar de escuchar historias difíciles – de asesinatos, golpizas y chantajes en manos de los cuerpos represivos – todos los panelistas coincidieron en que, aunque tuvieron que exilarse sabiendo que su país aun no fuese libre, se sienten orgullosos de la lucha que encabezaron – en el Escambray, en los llanos, etc. – y aseguran que jamás han olvidado a Cuba.

Es importante resaltar también que los mismos que realizaron crímenes de lesa humanidad en contra de estos hombres y mujeres y sus familiares son los mismos que aun están en el poder en Cuba, y son los mismos que realizan actos de represión en contra de la oposición, movimiento pro-libertad que es la continuación de la lucha de estos cubanos.

“Fue por eso que uno se sacrificó, para que la gente no fuera acosada.”

Raúl C. García nació el 3 de Marzo 3 de 1946 y se crió en un pueblo humilde de Sancti Spiritus, Cuba, junto a sus padres y sus diez hermanos y hermanas. Cayó preso el 15 de Agosto del 1963, con solo 17 años por alzarse contra el gobierno totalitario castrista. Es uno de los muchos que tomo parte en una de las ofensivas mas grandes contra el gobierno castrista- conocida como El Escambray.

Aunque sacrificó gran parte de su juventud en las cárceles Cubanas, Raúl nunca rindió sus ideales. Cuando al fin salió de prisión, emigró a Miami. Ahí, con mas trabajo y esfuerzo, hizo y crió su familia y comenzó su propio negocio de aire acondicionado. Raúl C. García nunca olvidó a su tierra.

¿Cuéntanos dónde, y cómo, vivías en Cuba?

Yo vivía en una finca en Guasimal, en Sancti Spiritus, allá en el campo por supuesto. Hacíamos trabajo de campo. Era una familia grande de diez hermanos, con mis padres éramos doce en total. Éramos una familia pobre.

¿Explícanos cómo llegaste a involucrarte con la resistencia contra el gobierno comunista totalitario de Castro? ¿Por qué decidiste alzarte? ¿Fuiste el único de tu familia?

Cuando empezaron las luchas de las guerrillas allá en la zona de nosotros, mi padre es el que hace contacto primero con ellos. El nos había, gracias a dios, inculcado esa mentalidad en contra del comunismo. Mi papa nunca fue comunista o un hombre político, y desde un principio ellos [los castristas] quisieron quitarle la finca a mi Abuelo. Eran unos envidiosos que solo se montaron en el carro de la victoria de la revolución para quitar las propiedades de aquellos que tenían más que ellos. Viendo como trataban a los campesinos que no estaban con ellos,uno se iba molestando. Así fuimos haciendo contacto con la resistencia, se conspiraba primero, se ayudaban a los alzados y a los que estaban involucrados. Se recogían cosas y se las mandábamos. Usábamos la finca que tenía mi Abuelo para ayudarlos, y le dábamos comida y todo el abastecimiento que se podía. Así empezó. Entonces fue cogiendo fuerza el movimiento y me uní yo.

Fui el único de mis hermanos y de mi familia que se alzó. Muchos de mis hermanos estaban muy chiquitos en aquel entonces. Mi papá también fue encarcelado, pero yo fui el único que se unió al movimiento. Tenía diecisiete años.

¿Cómo fue que caíste preso?

Bueno, estábamos dentro de un cerco en la misma finca de mi Abuelo. La guerrilla estaba cercada ese día y se formó un combate. El jefe de mi guerrilla era Maro Borges. Según los comunistas, ese combate fue una de las más grandes de la zona. Éramos veintiuno en total- quedamos prácticamente destruidos. Mataron once de nosotros, tres (incluyéndome a mi) fueron capturados heridos y el resto se escaparon heridos. A mí me tiraron en la pierna, tenía una fractura en el fémur. De ahí me llevaron al hospital, donde me enyesaron sin haberme primero curado la herida. Entonces se me fue infestando el pie y la pierna. De verdad que no sé cómo no perdí la pierna, serian los diecisiete años que tenia. Durante ese tiempo estaba en seguridad del estado, el G-2. Elias Borges, que estaba conmigo herido, tenía diecinueve tiros dados. Y así todo caminaba.

Después del G-2, nos pasaron para la cárcel. Como yo era menor de edad, esperaron un año para que cumpliera los dieciocho años para condenarme. Me condenaron a treinta años. Así comenzó mi estancia en prisión.

¿En cuántas cárceles estuviste? ¿Cómo eran? ¿Cómo trataban a los prisioneros?

Estuve primero en la cárcel provincial de Santa Clara, la “cárcel vieja” como la llamaban. Estuve en esa tres veces. Estuve también en la cárcel de Remedios, de Sagua la Grande, Nieves Morejón, en Manaca, en la Cabaña, y en el hospital de la cárcel “El Príncipe”. La Cabaña fue muy mala. Era una prisión antigua en La Habana. Ahí participe en una huelga que duro 35 días. Habían muchas personas en La Cabaña, era muy violenta, y era un penal en donde todos los presos eran hombres de mucho valor.

Pase muy malos ratos en La Cabaña. Me operaron ahí pero a medias. De ahí entonces me trasladan a Las Villas a Manacas. En Manacas estuve cinco años. Ahí era muy violento también pero lo único bueno que tenía es que nos dejaban coger sol. Lo demás lo resolvían a tiro limpio. Hirieron a varios y mataron a uno, a Oriol Acosta, al lado mío. Oriol estaba por cumplir su sentencia, pero por una discusión entre presos la seguridad le dio un tiro en la cabeza.

¿Viste a muchos de tus compañeros de causa morir?

Si. Como no había prensa en defensa de nuestros derechos, ellos hacían lo que les daba la gana con nosotros. Las prisiones eran muy cerradas- el mundo no sabía lo que nos estaba pasando. Aunque aquí en el exilio habían muchas personas que si hablaban de eso y lo denunciaban a las Naciones Unidas pero eso no avanzó.

Ellos fusilaban cuando les daba la gana. Lo que querían hacer era frenar la resistencia. La conspiración en contra de ellos ya era mucha. Algunos presos fueron fusilados con el pretexto de haber matado personas que ya estaban muertas mucho antes de que ellos se alzaran. Yo estuve en la sede de la Seguridad del Estado, y ahí fusilaban a cualquiera. Muchos de ellos eran muchachos jóvenes, y yo los veía. Algunos estaban llenos de tiros, y muchos otros ni siquiera eran alzados, pero fueron culpados de muertes, y los fusilaban. Era así. Con la nueva ley que crearon, La 988, hasta los campesinos que solamente conspiraron fueron considerados como alzados, y así tenían excusa para fusilarlos. Todo eso fue sin medida, querían sembrar el terror. Lo lograron.

En La Cabaña se sentía todo cuando fusilaban a alguien, y sin juicio. La voz de mando, “¡Apunte! ¡Dispare!” Y entonces los tiros. Casi siempre los presos gritaban “! Viva Cristo Rey!” y “!Abajo el Comunismo!” Esos gritos resonaban por la prisión, nosotros nos quedábamos con una tristeza inmensa. Es duro cuando tú vives en una galera con tanta gente y vienen para llevárselos al paredón. Algunos de esos fusilados me ayudaban mucho a limpiarme mi herida. No es fácil ver esas personas morir por gusto, bajo de una ley que era injusta que ellos mismos crearon para matar sin razón.

Algo que se tiene que contar es que, en las prisiones, y durante la revolución en general, los castristas eran muy racista con los negros. Es posible que a los prisioneros negros los trataban peor. Por ejemplo, cuando caímos en combate, las milicias arrastraban a los que eran negros entre nosotros. “Chichi” Rojas, un compañero de causa mío, que era negro y también de Guasimal, le caían a culatazos constantemente, le tiraban en los pulmones porque era asmático, y eventualmente fue fusilado.

¿Qué le paso a tu familia? Cuándo la volviste a ver?

Solamente por ser madre, padre, tío, o cualquier familiar de un alzado habían consecuencias. Eso es uno de los crímenes grandes. Sabes, cuando uno está en combate uno espera ser herido o hasta morir, pero no esperas que le pase algo a tu familia . Aunque caí cerca de mi casa, ellos [mi familia] no sabían de mi ni yo de ellos; no les dijeron si yo estaba vivo o muerto por mucho tiempo. Eventualmente, unos de los comandantes fue a donde estaba mi padre preso y les enseno unas botas y un sombrero y le dijeron que eso era lo que quedaba de su hijo.

Entonces empezaron a desalojar a todos los familiares de alzados y campesinos que conspiraron. En el caso de mi familia, todos en la zona que tenían el apellido García primero fueron detenidos en un corral de ganados. Entonces a mi mama, junto a siete de mis hermanos, entre ellos el más joven que tenia once meses, los metieron en un camión y se los llevaron para Miramar en La Habana. No les dejaron sacar absolutamente nada de la casa, se los llevaron así mismos en el momento. Era horrible, no sabían dónde estaba yo ni donde estaba mi papa, y todos los niños estaban llorando y gritando. En Miramar, internan a mi madre y a mis hermanos [al igual que muchos otros desalojados] en las casas grandes que antes eran de millonarios que habían sido exiliados o encarcelados. Cada familia, y casi todas eran numerosas, vivían en uno de los cuartos de cada casa. Mientras mi madre residía en Miramar, a mi padre se lo llevaron para Pinar del Rio, a una ciudad que fue construida por presos y para presos- la ciudad de Sandino.

Fue prohibido para ellos regresar a sus pueblos natales. Guasimal, mi pueblo, fue completamente cambiado. Mi casa la tumbaron. Mi familia no pudo regresar, ni pudo recuperar nada de lo que era de ellos. El gobierno se quedo con todo. Y yo no llegue a ver a mi madre hasta que paso un año. Ella pudo verme porque ella le preguntaba constantemente a una guardia en Miramar por mí. Después de tanta insistencia, parece que la guardia cedo un poco y llevo a mi madre a donde yo estaba detenido, en el G-2. Yo hable muy poco cuando la vi, y ella me tocaba por todas partes, buscando mis heridas. Mi madre es muy fuerte, y mientras nuestro encuentro un teniente de la Seguridad estaba en el mismo cuarto con nosotros viendo todo.

¿Cuáles eran los métodos de protestas de los presos?

Un método popular era la huelga. Era un método pacifico, el motivo era no ceder. Solo tomábamos agua. Yo tome parte en una huelga que duro 35 días. Aveces salían bien los resultados, y otras no. También si uno de nosotros estaba recibiendo una golpiza, tratábamos de salir a la defensa físicamente. Muchas otras veces gritábamos desde las galeras en soporte. Siempre se protestaba. Había mucha hermandad. Uno siempre se unía.

¿Mientras tu estancia en prisión, que consideras que fue lo que te mantuvo firme en tus ideales a ti y a tus compañeros de causa?

Primero, uno tenía la razón por lo que se estaba luchando. Cada vez, uno lo comprobaba cuando veíamos lo que ellos eran capaces de hacer con otros seres humanos. Parecían que no eran cubanos, parecían como si fueran de otros planetas. Eran muy abusadores, no tenían morales. Eso quizás te daba más apoyo para continuar tu lucha, y así te aferrabas más a tu posición y te sembraba más energía. Yo nunca pensé que me equivoque. Es más, yo pienso que lo que hice fue poco. El grupo de los presos era un grupo muy bueno. Tenían una moral muy fuerte. Por eso yo siempre estoy al tanto de las noticias que salen de Cuba. Uno no puede dejar de preocuparse porque ellos le han hecho mucho daño al país.

¿Cuánto tiempo duraste en total en prisión y cuando saliste?

En total fueron 16 años. Salí en el 1979 durante unos acuerdos entre Jimmy Carter y Castro. Creo que en total soltaron alrededor de 4,000 presos. Después de mi excarcelación llegue a Miami ese mismo año.

¿Qué es lo más difícil de estar exiliado?

Bueno, yo estoy contento aquí. Pero mientras siguen pasando los años, la tierra de uno ala mucho, y uno se apega mas a ella. Yo puedo ir a Cuba, pero no quiero verla así, la quiero ver libre. Eso molesta, y uno sufre. Yo quisiera ver a mi tierra, a mi patria, a mi familia. Duele que tantos años han pasado y toda vía este cada vez peor. Yo aquí no tengo problema y he criado a mi familia. Pero no es fácil, el estar fuera de la tierra de uno sin elegirlo. Aquí estoy tranquilo, pero quisiera que Cuba fuera libre, quisiera verla sin la plaga que tiene. Yo pienso mucho en eso.

¿Que tú piensas de los disidentes actualmente en Cuba?

Simpatizo con ellos. Creo que tienen un merito tremendo y que están haciendo cosas buenas. Ojala que se agregaran más a ellos cada día. Desde aquí siempre se les ayudara. La mayoría de ellos están haciendo una buena labor, como Las Damas de Blanco, que están haciendo cosas muy buenas. Ojala que no las dividan. Yo simpatizo mucho con ellos.

¿Vez el futuro de Cuba como optimista?

Si. Aunque a veces veo que la comunidad internacional no se moviliza a favor de Cuba. Con todo lo que acaba de pasar, la muerte de Zapata, Las Damas de Blanco, y la huelga de Fariñas, es para que la opinión internacional hubiera actuado más fuerte. Pero los que están en el poder no les falta mucho, van a morir algún día pronto. Yo creo que el pueblo es muy capaz, y que van a lograr hacer una Cuba nueva. Yo creo que sí.

¿Cuál es el futuro que a ti te gustaría ver en Cuba?

Una Cuba donde el Cubano pueda hablar, elegir a sus gobernantes, viajar, y donde no hayan presos políticos. Deseo que Cuba tenga un sistema normal y democrático. Fue por eso que uno se sacrifico, para que la gente no fueran acosada. Una Cuba en donde lo que tú te has ganado, con sacrificio y trabajo, no te lo quiten. No quiero que eso suceda más. Quiero que haya elecciones democráticas y a través de estas que se escojan los presidentes. Y creo que el futuro esta allá. Eso es lo que yo quiero para Cuba- lo mismo por lo que luchamos, que tú puedas entrar y salir cuando quieras, que hayan leyes que se respeten, y que haya libertad.

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