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Desde Cuba: Iván Hernández Carrillo entrevista a Dagoberto Valdés

«La Iglesia no debería pedir sólo para sí aquellos derechos que debería pedir para todo su pueblo.»

ENTREVISTA A DAGOBERTO VALDÉS HERNÁNDEZ

Destacado laico cubano. Fundador y Director de la Revista Vitral entre 1994 y 2007 y de la Revista Convivencia desde el 2008 al presente.

 

Entrevistado por: Iván Hernández Carrillo, ex preso de conciencia de la Primavera Negra y periodista independiente.

¿Qué tipo de expectativa ha dejado en usted y en sentido general en el pueblo cubano la visita del Santo Padre?

Bueno a mí en particular no me gusta hablar del pueblo así en general, porque no me siento capacitado. Pero, en mi persona concretamente, la visita del Papa Benedicto XVI ha reafirmado la convicción de que los cubanos y cubanas no debemos esperar más a que los cambios vengan de afuera, ni que visitas de ningún personaje, personalidad o jefe de Estado venga a cambiar lo que nosotros tenemos que cambiar. Mi mayor convicción y el mayor resultado de esta visita que algunos consideran frustrante, es que los cubanos no esperemos más de afuera lo que debemos protagonizar nosotros adentro. Por eso quiero recordar una memorable frase de la anterior visita realizada por el Papa Juan Pablo II, que decía: “Ustedes son y deben ser los protagonistas de su propia historia personal y nacional.” Bueno, pues pasada la visita del Papa, que no esperemos que nadie nos venga a hacer lo que nos toca a nosotros hacer por nosotros mismos; en paz, pero con toda decisión.

Más allá de los bienes espirituales, ¿es lógico esperar algún beneficio en el orden de los derechos civiles, políticos o en la excarcelación de algunos prisioneros políticos?

Yo en el orden de los derechos civiles y políticos creo que el gobierno ha dicho claramente a través del vicepresidente del Consejo de Ministros de Cuba, Marino Murillo, cuando habló con los periodistas acreditados a la visita del Santo Padre, que las reformas económicas no llevarían a los cambios políticos. Creo que siempre una visita de un papa deja la expectativa alta en el corazón de los cubanos que nos hemos decidido a quedarnos para trabajar por esos derechos fundamentales. Y, yo sí creo que nosotros somos los que debemos trabajar y que en este momento puede ser que se dé alguna liberación de presos políticos o de conciencia, porque es costumbre universal en otros países también, que como gesto de buena voluntad se liberen presos. Ya se han liberados otros, pero yo creo que esto podría ser posible; lo de la liberación de los presos. Es mi deseo más profundo, claro está.

Fue evidente que el gobierno trató con extrema delicadeza todo lo relacionado con esta visita. ¿Qué espera o qué ha querido obtener a cambio del Papa y de la Iglesia el gobierno cubano?

Bueno en primer lugar yo discrepo de ti diciendo que el gobierno ha sido extremadamente delicado con esta visita. El gobierno ha sido extremadamente delicado con el Papa, pero con la visita no. Porque el gobierno ha reprimido, ha encarcelado, ha acosado, ha hecho un apagón telefónico, ha amenazado continuamente. Se ha desarrollado una operación policial inédita en el pasado, en los últimos años y mucho menos ante la visita de un papa. Por lo tanto, el gobierno ha sido cruel con una parte de la visita, irrespetuoso con el Santo Padre y esa es precisamente la contradicción fundamental que yo evalúo en esta visita.

En los resultados de la visita ha habido un abismo entre el trato que recibió el Santo Padre en su persona, (muy merecido por otra parte) y los maltratos sistemáticos y crueles que ha recibido parte de la sociedad que el Papa venía a visitar. Tú mismo has sido víctima de esa represión, incluso en los días en que el Santo Padre estaba en Cuba.

Por lo tanto, creo que el gobierno buscaba dar una imagen exterior, presentar al mundo un país de normalidad y un país abierto y diverso que respeta todas las opiniones. Eso sólo se cumplió con respecto a la persona del Santo Padre. Mientras, al mismo tiempo y en todas nuestras calles y en todos nuestros poblados, en todas nuestras iglesias, ese mismo gobierno irrespetaba, violaba y reprimía los derechos fundamentales de los católicos que querían acercarse a su líder espiritual. Por lo tanto, lo que la visita ha tenido de negativa ha sido precisamente esa contradicción fundamental, entre el trato que el gobierno está obligado a dar a sus ciudadanos (un trato respetuoso) y el trato respetuoso que da a un visitante extranjero.

¿Logró a lo mejor el gobierno dar la imagen de un país normal de tranquilidad y apertura? No lo creo, porque la prensa internacional pudo reflejar, por ejemplo, a ese joven santiaguero que fue golpeado, pegado por uno de esos miembros (por lo menos llevaba un pulóver de la Cruz Roja), precisamente con la camilla con que se debía asistir a los que se desmayaban o tenían algún problema de enfermedad durante la misa. Y éste no ha sido el único caso. He hablado con Elizardo Sánchez Santacruz, de la Comisión Cubana de Derechos Humanos y Reconciliación Nacional, y me ha dicho que son centenares de detenidos. Por lo tanto, yo precisaría tu pregunta diciendo que el gobierno ha sido extremadamente delicado con el Papa para buscar la foto, es decir la imagen, y para presentar una situación de Cuba en una concordia y una armonía total. Y eso no lo ha logrado. Ha querido un aval, un reconocimiento internacional haciendo creer que Cuba es un país normal y que en Cuba se respetan las opiniones diversas. Sin embargo, sólo se respetan las opiniones diversas que dice el Papa, pero no se respetan las opiniones diversas que dicen los hijos del Papa que viven en Cuba.

Aparte de los temas políticos y aún de los derechos de los cubanos, hay temas estrictamente pastorales como es la cuestión del aborto, la prostitución, la pena de muerte, el permiso a la asistencia religiosa en las prisiones y otros, de los cuales algunos pensamos que los Obispos no hablan o no han hablado con la energía suficiente. ¿A qué cree usted que se debe esto?

Estoy de acuerdo con que los Obispos no han hablado con la energía que yo también espero. Creo que se debe a una estrategia de no rozar para nada al gobierno cubano, al cual evidentemente le molesta que se hable de temas como el respeto a la vida, el aborto, la asistencia religiosa a los presos. Y quisiera hacerte una precisión. No dejaría yo fuera los temas políticos y los derechos humanos, ni diría independiente o apartados de ellos. Porque es que en la doctrina social de la Iglesia los derechos son indivisibles. No se puede dejar un derecho humano, o un derecho incluso político de diversidad, o pluralismo de partidos políticos, fuera del derecho a la vida o la condena a la pena de muerte. Porque el ser humano, la persona, es una unidad y no se puede pedir que se diga sí a unos derechos y no a otros, porque eso va contra la doctrina cristiana. Luego, he sentido que la Iglesia podría y debía insistir más no sólo en aquellos derechos que se relacionan con la vida o con el aborto, o con la pena de muerte, o con la asistencia estrictamente religiosa a los presos. Si no, debería unir lo anterior con los derechos indivisibles, que son todos los derechos políticos y cívicos, económicos, sociales y culturales. Esa es verdaderamente la esencia de la doctrina social de la Iglesia, que espero que nuestros obispos prediquen con más vigor.

¿Consideras que la visita del Sumo Pontífice animará a los obispos cubanos a ser más consecuentes con el evangelio en cuanto a los reclamos de justicia y libertad que pide la oposición en Cuba?

Eso desearía con todo el alma, eso desearía como católico, como hijo de la Iglesia, porque creo se está jugando el prestigio, la credibilidad de la Iglesia en su predicación del mensaje liberador de Jesucristo. Quiero hacer una aclaración: conozco fieles laicos, sacerdotes entregados, religiosas, monjas que viven al servicio de nuestro pueblo y también algunos obispos que lo están haciendo ya. Se podría decir que por su cuenta, pero en la Iglesia y en el evangelio nada se hace por su cuenta. Por lo tanto, cuando me refiero a que deseo que la Iglesia lo haga con mayor vigor me refiero a la parte de la Iglesia que todavía no ha aprendido, no ha ejercido ese misterio profético que es el anuncio de la verdad de Jesucristo y de la Iglesia. Y la denuncia de todas las violaciones de los derechos humanos sean quienes sean los que las sufran. Todos los hombres son nuestros hermanos y todos son hijos de los pastores de la Iglesia.

¿Cómo se explica la falta de gestos de parte de su Santidad hacia los opositores pacíficos y especialmente hacia las Damas de Blanco?

Es lo más lamentable de la visita y lo que la ha desbalanceado en mi opinión con respecto a la mediación que la Iglesia toda está llamada a hacer en cualquier país del mundo. Para ser mediadora hay que estar en el medio. Y para estar en el medio hay que reconocer y recibir a todas las partes. Creo que la decisión de que el Santo Padre Benedicto XVI no haya saludado, por lo menos bendecido, en un minuto a las Damas de Blanco o a otros representantes de la sociedad civil independiente de Cuba se debe a la jerarquía católica local. Porque el Papa, que es el pastor universal de la Iglesia, escucha la opinión de los obispos locales. Él no va contra de la opinión de los obispos locales. Y yo creo que son ellos los que recomiendan qué gestos, qué cercanía, qué solidaridades debería demostrar el Papa.

Me alegró mucho que el Papa haya tenido tiempo para recibir a representantes no sólo del gobierno sino a aquellos que ya oficialmente o formalmente no están. Pero que no haya preparado la jerarquía local un momento para que igual que el Papa saludó a aquellos, incluso por menos tiempo pudiera haber saludado a la representación de la sociedad civil… durante muchos años la Iglesia sufrirá las consecuencias de este error.

¿Cómo pudiera entenderse en justicia el notable acercamiento que se ha producido progresivamente entre la alta jerarquía de la Iglesia católica y el actual régimen? ¿Es producto de presiones sobre los obispos? ¿Es producto del temor de estos por ellos y por los feligreses? ¿O estamos frente a un acomodamiento mutuamente conveniente?

Bueno, yo creo que en realidad lo que está en la base no es ninguna de esas tres razones que has mencionado. Es otra mucho más profunda. La actual jerarquía de la Iglesia católica ha optado por no tocar ningún tema, ni realizar ninguna acción que moleste al gobierno cubano. Tú me preguntas para qué. Yo te respondo que para lograr para la Iglesia los derechos que deberíamos pedir para todo el pueblo. Es decir, para alcanzar que la Iglesia tenga acceso a los medios de comunicación, para alcanzar que la Iglesia tenga acceso a la enseñanza, a las universidades, para lograr que la Iglesia tenga acceso a permisos a culto en lugares públicos. Pero esa no es la verdadera libertad religiosa. La verdadera libertad religiosa no es una libertad de permisos, es una libertad de ejercicio de los derechos. Y esa libertad es indivisible.

La Iglesia no debería pedir para sí, solo para sí, aquellos derechos que debería pedir para todo su pueblo. De manera que si ella pide para sí libertades, como ha dicho el Papa en esta visita, la Iglesia no pide privilegios. Benedicto XVI lo ha dicho así textualmente en su primera homilía en Santiago de Cuba. Ha invitado a la Iglesia a ser coherente con el evangelio. Creo también que ha sido muy valiente el Santo Padre al haber dicho claramente que cuando la Iglesia pide derechos para sí no pide privilegios. Lo había expresado asimismo Juan Pablo II en la anterior visita papal. Y cuando esos permisos o esos derechos se le dan a la Iglesia y no se le dan al resto del pueblo, entonces lo que la Iglesia está recibiendo son privilegios, no derechos compartidos con su pueblo. De manera que cuando se pide que la Iglesia tenga acceso a la televisión, se debería decir que la oposición también tenga acceso a la televisión. Y aunque no todos los cubanos sean políticos, que tengan acceso a la televisión. Porque si es nada más para la institución, ella se aleja de la defensa y promoción de los derechos de sus hijos. Y una madre nunca debería pedir derechos para sí, si no pide también derechos para sus hijos.

¿En términos generales, cree usted que la mayor parte de los sacerdotes y de los obispos concuerdan con las declaraciones hechas por Su Eminencia el Cardenal Jaime Ortega, en cuanto a que en Cuba no hay presos políticos y que las Damas de Blanco no son las mismas de antes?

Mira, no puedo decir si la mayoría o si la minoría porque no tengo estadísticas, ni puedo contestar a nombre de sacerdotes y obispos; pero puedo contestarte a nombre propio. Todo el que vive en Cuba y conoce su realidad y la comparte sabe que en Cuba hay presos políticos y presos de conciencia. Y sabe que las Damas de Blanco son aquel mismo movimiento que comenzó para pedir la libertad de unos presos políticos. Quizás los que no sean los mismos son los presos políticos que las Damas de Blanco reclaman. Pero ellas siguen con su propia identidad. Siguen respetando profundamente a la Iglesia, adonde van cada domingo. Porque dentro de la Iglesia jamás han hecho un acto que sea inapropiado o irrespetuoso para la Iglesia –cosa que apruebo y alabo– y han hecho sus manifestaciones a través de la 5ta avenida y otras calles de Cuba. Porque ya se han extendido a otras provincias después de la muerte de Laura Pollán. Lo que demuestra que la semilla de los mártires se convierte en frutos de la causa que esos mártires han defendido con su vida.

Yo creo que también el señor Cardenal Arzobispo de La Habana sabe que las Damas de Blanco son las mismas, porque ellas, su representación, le han explicado sus nuevos propósitos, según me ha dicho Bertha Soler Fernández. Y conoce que hay una lista de presos de conciencia; porque todas las comisiones de derechos humanos y todos los grupos de la oposición respetan tanto y tan profundamente a la Iglesia católica que a la primera institución que entregan sus listados de presos políticos y de conciencia es a la propia Iglesia. Por lo tanto, yo considero que la Iglesia está debidamente informada de la situación que hay en Cuba con ese respecto.

¿Estará correctamente informado el Vaticano acerca de la deteriorada situación que en materia de derechos humanos existe en la Isla? Si es así, ¿por qué el Santo Padre no alzó enérgicamente su voz para condenarla, como lo hizo para condenar el embargo económico que el gobierno de los Estados Unidos mantiene contra el gobierno cubano?

Bueno, en primer lugar quiero decirte que yo considero que sí, que en varias ocasiones durante su visita el Santo Padre Benedicto XVI se pronunció de alguna manera en defensa de los derechos humanos; tanto en sus mensajes al llegar y salir en los aeropuertos de Santiago de Cuba y La Habana, como en las dos homilías de las dos misas celebradas en Santiago y en la plaza cívica José Martí. Te voy a citar algunos fragmentos textuales, porque a lo mejor estamos tan inmediatos a la visita que no nos ha dado tiempo de estudiar debidamente los mensajes, cosa que recomiendo de todo corazón. Me tomo el atrevimiento de recomendar tanto a los católicos como a los demás hermanos cubanos que estudiemos con detenimiento y paciencia los mensajes del Santo Padre. Porque contienen en sí muchas veces lo que llamó “justas aspiraciones y legítimos deseos de todos los cubanos dondequiera que se encuentren, sus sufrimientos y alegrías, sus preocupaciones y anhelos más nobles, y de modo especial –estoy citando– de los jóvenes y los ancianos, de los adolescentes y los niños, de los enfermos y los trabajadores, de los presos y sus familiares, así como de los pobres y necesitados.” “Llevo en mi corazón las justas aspiraciones…” Esta fue una frase dicha en el discurso del Papa a su llegada al aeropuerto de Santiago de Cuba.

De lo dicho en ese mismo aeropuerto voy a citar otra frase que me parece trascendental, no solamente porque el Papa pida por los derechos fundamentales, sino porque lo diga oficialmente con respecto a la devoción a la Virgen de la Caridad, que él llama la Virgen Mambisa.

Y dice (cito): “La devoción a la ‘Virgen Mambisa’ ha sostenido la fe y ha alentado la defensa y promoción de cuanto dignifica la condición humana tus derechos fundamentales; y continúa haciéndolo aún hoy con más fuerza, dando así testimonio visible de la fecundidad de la predicación del evangelio en estas tierras…’’ Más claro, ni el agua. Pero no quisiera dejar de mencionar una frase que el Papa dijo en su homilía de La Habana, en la cual la lectura que comentaba era del Evangelio de San Juan que dice: “La verdad os hará libres.” (Jn 8,31).

El Papa mencionó una decena de veces la palabra verdad, la palabra libertad, y dijo que algunos “prefieren los atajos” para encontrar la verdad. Habló del indiferentismo, del relativismo moral y de los que (cito): “…encerrados en sí mismos. Personas que se lavan las manos” como Poncio Pilato. Otros “interpretan mal ésta búsqueda de la verdad (…) encerrándose en ‘su verdad’ e intentando imponerla a los demás”. “Fe y razón son necesarias y complementarias en la búsqueda de la verdad (…) aun a riesgo de afrontar sacrificios (…) para alcanzar la libertad”. Y dice: “Cuba y el mundo necesitan cambios. ’’

Y la frase que a mí me parece más contundente desde el punto de vista teológico quiero compartirla contigo y con los lectores, porque llevará a una interpretación para el futuro, por su elevada categoría doctrinal. La dice el Papa en su homilía en Santiago de Cuba. Cito: “Dios no solo respeta la libertad humana, sino que parece necesitarla.” Bueno, pues si Dios que es omnipotente, que no necesita nada, respeta, pero además, necesita la libertad de los hombres, ¿cómo podemos entender que haya hombres, que no son dioses, que ni respeten ni necesiten la libertad de sus conciudadanos? Y el Papa ha ido mucho más allá al decir que Dios necesita de la libertad de los hombres. Si Dios que es Todopoderoso necesita de nuestra libertad, nadie la debería reprimir. Y cuando se reprime esa libertad se está violando no sólo los derechos de los hombres sino los derechos de Dios, que respeta la libertad y la necesita.

Y termino, para no hacerlo muy largo, con las palabras de despedida en el aeropuerto, bajo aquella lluvia pertinaz; no sabemos si porque el cielo lloraba o porque el Espíritu Santo quería lavar un poco a esta sociedad. Decía allí el Papa que deseaba “una sociedad solidaria, en la que nadie se sienta excluido”, en la que los cubanos sean respetados “en sus más hondas y justas aspiraciones.” Una sociedad en la “que nadie se vea impedido” de usar la libertad “imprescindible” para hacer que “Cuba sea la casa de todos”, no haya criterios “inamovibles” o “unilaterales” y las “discrepancias” deban ser resueltas con la unidad, el “diálogo” y la “escucha”.

Falta un poco de tiempo para que este mensaje se asiente y sea estudiado por nosotros. Yo creo que en la medida en que la sociedad civil estudie estos mensajes del Papa encontrará en ellos un fundamento para hacer lo nos toca hacer a nosotros.

El Santo Padre dijo a bordo del avión que lo llevaba de Roma a México que el comunismo ya no funciona en Cuba, y aseguró que la iglesia católica está lista para ayudar a La Habana a encontrar “nuevo modelos”. ¿Qué opinión merecen de su parte estas declaraciones, y de qué manera estaría lista la Iglesia para ayudar al gobierno a emprender reformas dentro de la Isla?

Bueno, estoy totalmente de acuerdo, como cubano, como cristiano, con esas declaraciones del Santo Padre que fueron como el pórtico de su visita; es decir, como el umbral por donde quería entrar a Cuba. La Iglesia sabe por experiencia propia, porque es experta en humanidad, que cualquier sistema o régimen político que niegue la naturaleza humana y sus derechos no funciona. El Papa lo ha dicho explícitamente, unos días antes que un joven en Santiago de Cuba lo declarara con otro lenguaje y con otro estilo. Si el Papa dice que el comunismo no funciona en Cuba y que hay que buscar nuevos modelos, entonces lo que hay es que echar abajo ese modelo que no funciona. Estamos hablando no de las personas; no queremos la violencia, no queremos excluir a nadie.

Estamos hablando del sistema de la ideología marxista, del cual el Papa ha dicho también, que tal como se concibió, está fuera de la realidad. Por lo tanto, yo interpreto que lo que ha pedido el joven en Santiago y lo que pedimos miles de cientos de miles de cubanos es que dejemos atrás lo que no funciona. Y que hagamos cambios profundos, democráticos, necesarios para construir entre todos. Esto es, incluidos también los que todavía siguen creyendo en el comunismo, pero no imponiendo el sistema que no funciona a toda la sociedad. La mayor prueba de que éste no funciona es la situación económica, la situación social, la situación antropológica que vive el cubano y que la sufre desde hace 53 años.

Si un gobierno o un régimen han tenido medio siglo para probar en un laboratorio social un experimento y ese experimento después de cinco décadas no da frutos, entonces hay que cambiarlo. Y no hay otro camino, porque seguir experimentando un régimen así con seres humanos, con personas concretas que nada más tienen una vida, es criminal; sencillamente va contra ese respeto irrestricto a la vida humana. Nadie puede arrogarse el derecho de seguir experimentando con un régimen que ya no funciona.

Es más, lo han dicho las propias autoridades cubanas en el 6to Congreso del Partido Comunista. Han dicho que ninguno de los acuerdos de los congresos anteriores se ha cumplido. Cuba está al borde del precipicio. Entonces, quien pida que esto se acabe, no está pidiendo nada malo. Es un patriota que quiere que Cuba no caiga en ese precipicio. Por eso pido por este medio que a ese joven de Santiago le sean respetados sus derechos. Que le sea respetado su derecho a expresar pacíficamente su opinión. Estamos hablando de métodos pacíficos; insisto por tercera vez, estamos hablando de un cambio pacífico. Y por eso creo yo que la Iglesia tiene los instrumentos para ayudar para que esos cambios sean sin traumas, como lo dijo también el Santo Padre.

¿Está preparada la Iglesia en Cuba? Yo creo que nadie, ni ninguno de nosotros, ni la Iglesia, ni ningún cubano, han estado ni estamos totalmente preparados. ¿Sabes por qué? Porque todos los cubanos hemos sufrido el daño antropológico, es decir, el daño profundo en la constitución de la persona. Eso que llamamos daño antropológico ha producido un analfabetismo de tipo cívico, que hace que nos equivoquemos como Iglesia o como ciudadanos y que tengamos una asignatura pendiente. La Iglesia también tiene una asignatura pendiente para poder ayudar a los cambios sin traumas y el primer tema o la primera lección de esa asignatura –lo digo yo como hijo de la Iglesia, lo digo empezando por mí mismo, lo digo por laico– que en primer lugar lo que nos corresponde por vocación y por misión, es que debemos aprender a reconocer y respetar a la oposición. Esto es, a la disidencia pacífica, a los cubanos que han permanecido en Cuba sacrificando sus vidas y sus familias para luchar pacíficamente, gradual y honestamente, para que Cuba pase de este laboratorio, de este experimento que no funcionó durante medio siglo, a la Cuba que ya piensa en el mañana. Como lo ha dicho también el Santo Padre en sus primeras palabras al llegar. Quiero terminar esta entrevista con estas mismas palabras de esperanza. Dice textualmente el Santo Padre: “Queridos amigos, estoy convencido de que Cuba, en este momento especialmente importante de su historia, está mirando ya al mañana, y para ello se esfuerza por renovar y ensanchar sus horizontes.”

Entonces quiero, espero y deseo que la Iglesia, que forma parte de este pueblo, en el servicio de mediación, se coloque a la escucha y al reconocimiento de ambas partes; de aquellos que han terminado un periodo histórico y su experiencia no ha dado los resultados esperados y de los demás, de las nuevas generaciones que ya miran al mañana y que tienen nuevos proyectos para buscar la prosperidad y la felicidad de nuestra patria.

El gran amor a Cuba, el gran patriotismo de los que luchan por esos cambios lo han demostrado ustedes dentro de la cárcel. Ningún mercenario, ningún apátrida, nadie que no ame verdaderamente a su patria soporta la cárcel, la persecución, los sufrimientos de ellos y de sus familias para lograr que la Cuba que ya estamos pensando, se haga una realidad entre nosotros. ◊

Esta entrevista fue conducida por Iván Hernández Carrillo, ex preso político cubano y activista incansable por los derechos humanos. 

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